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Mostrando entradas de mayo, 2010

Fui frígida.

La madre observa minuciosa y detalladamente cómo su hija se vuelve fulana. No es sólo por esos tacones infinitos que estilizan sus piernas, ni por el pequeño vestido palabra de honor que realza su pecho y poco lugar deja a la imaginación. No es sólo por el cabello pulcramente ondulado y con una chistera, al más puro estilo Charles Chaplin, adornado. Tampoco por el peculiar imperdible que cuelga de su cuello. Ni por ese maquillaje tan candente. Furcia barata que se prostituye en las calles de la filosofía. Comprada incluso por la más necia explicación. Entregada gratuitamente a las enseñanzas de cualquiera que ose llamarse irracional. ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? Es atada de piernas y brazos y obligada a cuestionarse hasta el más idiota de los porqués. Su mente pueril e idiota, contaminada por la llamada “sociedad del siglo XXI”, difícilmente halla respuestas. Mas sus entrenadores predilectos no se separan de ella. No al menos mientras el éxtasis no aceche. Entrenar has...

Un nuevo hobbie, esclavizar.

Podría decirse que soy cariñosilla. Olvido los nombres de quienes me rodean. Mi astro. Mi cielo, mi sol, cariño, amor, mi luna, mi estrella. Si pudiera, cogería un lazo con que atarte a mi planeta. Tenerte a mi vera. Cerquita, cerca. Poseerte tal cometa. Inmortal. Amado mío. No huyas. No te desvanezcas. Permanece a mi disposición. Te necesito. Burbuja eterna.

21 times.

A fuerza de repetición, de rutina, de verles actuar cada día, estoy siendo convertida. De niña con ambiciones rebeldes e ideales, a mujercita de cara pintada, zapatitos de charol y faldita bajo las rodillas. Me llevo las manos a la cara buscando la máscara, aún frágil, que inunda mi rostro de soberbia y presunta madurez. Luchar contra uno mismo. Tener el automóvil y el camino, mas ignorar el destino. Sé que no quiero ser lo que estoy siendo, pero tampoco lo que fui. Y sé que Kant tenía razón (that’s why I’ve died 21 times, 21 days with your absence) “todo hombre tiene tres caracteres: el que cree tener, el que aparenta y el que realmente tiene”. Volviendo al tema principal, tengo consciencia de que mi máscara pasa aún desapercibida mas temo al día en que esto deje de ser verdad. Detesta la lluvia. Es digna de admiración. La detesta, pero está ahí quietecita mirando a los inmensos nubarrones. Todo con tal de ser, una vez más, autodidacta. E independiente. ¿Ganará algo así? Quién sabe… E...

Como tú.

En mi canción favorita de su gran repertorio enuncia “él nada en mis ojos por la cama”. Mi querida Amy, jamás te plagiaría, eres la sanadora de mi alma con tu soul. Incluso atrevo a sonreírme, suena irónico. Pero, a lo que iba, no pienso reproducir exactamente lo que tu potente voz canta; sin embargo, no sé expresar lo que sentí aquel día entre sus brazos. Tras el daño causado, creí imposible haberlo amado, con tan sólo trece años. Mas, sé perfectamente que lo hicimos, nos quisimos. Cerca de veinte sillas con sus respectivos pupitres. Y obviamente la pizarra, con los correspondientes retazos del último profesor que vino a intentar enseñar algo a unos adolescentes que, a lo largo de su vida, poca educación han adquirido. En fin. Acogedor lugar para un primer beso… Creyendo crear un ambiente más romántico, cerré las persianas y las luces. Acudí a su encuentro y dejé de ser aquel pétalo de la flor que mi alma es. Me convertí en ése al que el deseo carnal inspira.

Mi perdición, tu pérdida.

Si antes las cosas no me cuadraban, tras éste altercado ni me cuadran, ni me triangulan, ni me circundan. Tu mente bipolar da más vueltas que las abejitas a las flores. ¿Quieres marcharte ya de una vez por todas execrable primavera? ¿Y tú, réproba alergia?

Sólo ella.

Idiota paralizada mirando fijamente la nada mientras en tu irrisorio comportamiento cavilaba. Creo que, si es posible, mi cabeza va a estallar. Estrés, agobio, calor, prisa, incomprensión… Al fin y al cabo, cansancio. No tengo vicios, no soy irascible, ni violenta, no me autolesiono, ni pienso en el suicidio, no estoy enamorada, ni con la soga al cuello. Sin embargo, existe algo que me colma. Es ella, mi estimada somnolencia. Desprecio mis ideales basados en aprovechar las horas de sol para rendirme y cerrar los ojos a este mundo falto de color. La paleta de colores más variados la obtengo en los sueños, donde, irremediablemente, tengo quizá demasiados bocetos. Pero eso no importa porque hoy me resigno ante los pies del “me da igual”. Nado entre tulipanes, canto como un bello pájaro, bebo el agua de las nubes, como pasteles asados al sol, visto pieles de frutas de la pasión y no conozco más amor que el propio. El cual abarca todo, incluso un tú y yo. Y así permanezco, sumida en lo ...

Creer no basta.

Se acabó. Sin excusas. Ni explicaciones. Ni razones. La lógica lo mató. Y ya está. Desde aquel día me declaro atea. Y anarquista.

Es sólo.

Es sólo ver algo. Es sólo oír algo. Es sólo creer algo. Es sólo decir algo. Es sólo pensar algo. Es sólo hacer algo. Y te derrumba. Te derruye cual terremoto se tratara. No hay estructura perfecta. Sólo hay una cara blanca reflejada en un espejo.

Naturaleza sexual reprimida.

Me pongo los cascos. Californication, de los Red Hot Chili Peppers. Pienso en ti. Y pienso en tocarme, pero sé de tu existencia, y esto pierde el sentido. Habla de Hollywood, de superficialidad. Nombra a mi amado Cobain. Habla de unicornios. Y de pornografía liviana, ¿es eso posible? No lo creo, pero da igual. Mi diccionario ha censurado demasiadas palabras. Y mi mano cansada se resigna bajo las sábanas. Noto la pared fría en la espalda, y me despojo de las bragas. Pero el placer no cede. Qué duro saber que existen y no poder disfrutarlas: clímax, éxtasis, confort, gozo, agrado, culmen, gusto, satisfacción, complacencia, deleite, apogeo... Me gustaría ser mago, y convertir los sueños en algo sólido, lógico, factible, real. Pero no tengo ese don, no soy dios. Esta canción es realmente buena. Cinco minutos, veintitrés segundos. Aunque he de admitir que aquel trago de ginebra le daba un toque mágico. ¡Sí que estoy ilusa esta noche! Ilusa y agotada. Ansío el verano y su sentido de libe...

Javier Krahe, "ni dios, ni amo"

Frase por Javier Krahe. Conclusiones mías (y sólo mías) dedicadas a Javi. EL HOMBRE Y LA LIBERTAD Para mí no existe un dios, al menos no un dios operativo. A ver si tomamos las riendas de lo nuestro, porque los que estamos aquí somos nosotros y debemos decidir, no va a venir dios a decirnos nada. Tener una religión me parece una niñería. Ajá... Puede ser... Lo del dios operativo suena bien, mas ¿por qué reza entonces la gente? Y, ¿acaso eran todos demasiado imaginativos los niños que, supuestamente, vieron a la virgen aquella (no recuerdo su nombre) en aquel monte (tampoco recuerdo su nombre)? Cuando entré en el colegio (católico) proclamando ser agnóstica, una persona me preguntó por qué no creo. Sólo una. ¿Mi respuesta? "No te lo diré." Quizá ni yo lo sé... Esto no se lo dije. Suena idiota. Suena caprichoso. Y suena a mentira. La cosa es que no lo recuerdo. ¿Lo habrá borrado Dios de mi mente? Otra cuestión, ¿por qué habrán escrito en RollingStone dios con "d...

Un nuevo mundo.

Si pudiera convertir el magnífico mundo de la música en mi mundo… •Escucharía la radio GaGa. •Viviría en Downtown. •Sería astronauta e iría en busca de la chica de Marte. •Andaría sin parar. Iría en busca de un camino mejor. •Intentaría no ver sólo el árbol amarillo. •Metería una moneda de un centavo en la máquina de discos, me tomaría un descanso y bailaría al ritmo del rock and roll . •Me evadiría volando libremente. • La consolaría secando sus lágrimas y diciéndole que no llore más. •Sería una chica (más) material. •Saldría de la oscuridad buscando la luz. Rompería. •Exigiría razones por que amar. •Sería puta, amante, niña, madre, pecadora, santa, desvergonzada… •Mis películas favoritas serían aquellas en que saliera Billie Jean. •Gritaría a los cuatro vientos que hemos de salvar el mundo. •Californication. •Pintaría todo de color negro. Lo primero, esa puta puerta roja. •Buscaría la manera de que todo sea más divertido. •Sería por siempre joven. •Me iría al infi...

Ojalá.

Lo siento tanto. No pude siquiera mirarle a los ojos. Se me caía la cara de vergüenza... ¿Cómo podemos llamarnos personas y permitir que esto ocurra? El pobre hombre yacía en la calle. Las muletas a su lado. Masajeaba su cansada pierna. Correr por el paseo marítimo unos veinte minutos pudo debilitar mis piernas. Pero éste pobre hombre sólo posee una y vive recorriéndolo. Porque no tiene casa. No tiene comida. No tiene, apenas, ya vida. No posée más que ése par de raídas muletas. Unos ojos que suplican que se les devuelva la vida. Un estómago que ruge porque hace días que no recibe proteínas. Un alma en pena. Lo siento tanto. No pude siquiera mirarle a los ojos. Porque en ese instante me di cuenta de que tengo demasiada suerte y había pasado la tarde entera lamentándome por mí. Maldita egoísta. Ojalá... Ojalá las cosas no fueran así. Ojalá este deseo que vive en mí se haga realidad porque lo quiero ayudar. Quisiera volver atrás y dedicarle una sonrisa a este hombre. Prometerle que n...

Quirófano improvisado.

Extírpame este tumor. Oh, ansiado verano; oh, preciosa flor. Acude rápido a mi lado. Juro que necesito tu ayuda. Prometo que tu llegada no será en vano. Mira en lo más profundo de mis ojos del color de un tronco nuevo y estudia los sentimientos de aflicción de las hojas perennes. Invade mi alma maleable tal pétalo. Y poséeme tal cual hacen las inusuales brisas de viento. Permíteme inspirar tu dulce aliento. Sálvame del calor cruento. Pero no dejes que me transforme en cubito de hielo. Quítame de ser niña por las noches, pero dame con qué jugar durante el día. Déjame andar de tu mano porque, si hay algo que prevalece, son las heridas. Emplees o no cirugía.  Extírpame este tumor que me hace odiar la primavera y odiar la irracionalidad. Asesina a aquella razón que en mi boca pone la palabra "odio". Arrastra estas trágicas lágrimas. Regálame palos llenos de sabia con los que desahogarme escribiendo en las piedras.

c#

Perdonad si os hablo un poco de mí. Es hora ya de confesar mi más terrible secreto a voces. Soy una asesina. Mis más letales armas, los suspiros y las palabras. El móvil del crimen, explayar mi filosofía. Mis víctimas, mis propias hermanas. El método, haciendo callar, interrumpiendo, cortando silencios. Cuántas veces he caído en las redes de Satán, provocador, diablillo, me tiende la mano y a matar. Mas no es el infierno mi pena, mi condena. Pues no he llegado la sangre a rozar. No, no me he atrevido a pecar. ¿Entiendes? No soy necrófila aunque me guste matar. Pum, pum, pum, pum… Mis dedos bailan sobre la mesa poseídos por la ansiedad. Tic, tac, tic, tac… Y el segundero baila circundando los numeritos que, maniáticamente, intentan ordenar el tiempo. Tú sigues exponiendo tus ideales. No aguanto más. Entonces, fruto de la impaciencia, aparece un revólver en mi mano inquieta, con que doy en el blanco de tu alma. Anulando así tu libertad. Mientras cavaba tu tumba, pensaba en pedir p...

Súplica vanidosa.

Llegué a casa, comí algo (después de muchas horas de inanición) y me tumbé en la cama. Me deshice de mi ropa para vestir así mi cuerpo con prendas más ligeras. Tomé una toalla para no manchar las sábanas. Me refugié en una esquina y... Y ya está. Volví a sentirme cual reina de la tragedia. Pero eso ya no importa. Porque cuento con tu ausencia. Pagaría, odiando el capitalismo, lo que fuera con tal de escuchar la más barata de las excusas. La más necia de las explicaciones. La mas nefasta de las justificaciones. La más absurda de las disculpas. No interesa realmente cuánto o cómo. Sólo sé que lo haría. Porque añoro demasiado tus ojos color caramelo. Putrefacción incesante. Al final conseguirás que odie tanto a la primavera como a tu repentina alergia. Me encantaría que sepas que aún quiero ser médico. Mas los conflictos, es decir, el remedio no lo puede crear sólo uno de los implicados. Tal vez peque de mentirosa, pero he de exponer mi más razonable obra de arte. Es lógico que s...

Dieciséis.

Ayer arrancaré el jazmín. Mañana lo deshojé. Y me hube perdido entre sus pétalos en este precioso momento. Realmente ignoro la ignorancia. Me da igual si hay o no concordancia. Puede que a ti, personita obsesionada con el orden, no te agrade el perfume. Mi humilde recomendación es que observes y probablemente encontrarás que sí adoras alguno de sus componentes. Me han hablado de abstracción. De dar rodeos. Y que si soy complicada e imprecisa. Me quedo con la veracidad de la vida. Que, al fin y al cabo, sólo se reduce a eso. Complicarse.  Inventamos tiempos verbales. Escribimos libros henchidos de vocabulario. Creamos fórmulas llenas de números y letras. Todo ¿para qué? Humanidades, preguntarse. Yo me pregunto y aún así no invento idiomas, ni fórmulas matemáticas. Definitivamente sólo sé que sé muy poco.

Antaño.

Bonitos días aquellos en que despertaba con ganas de más. Intensos días aquellos que prometían no acabar. Interesantes días aquellos que juraban acabar habiéndome enseñado.

Mi antigüedad.

Sin siquiera haber rozado a Romeo Capuleto era conocida como reina de la tragedia. Fuera o no tontería las lágrimas emergían. Aquel mechón de pelo que ocultaba sus pupilas, el más tenebroso rasgo de sus características. Definirla. Pero no dibujando con un dedo sobre la arena su silueta. Sólo pronunciar su apodo y ya te la imaginas. Siempre pueril zagala, siempre sumisa. Si te acercabas a ella sigilosamente podías escucharla tararear desde el más duro sólo de guitarra eléctrica hasta la más dulce canción de Queen. Risueña, pícara, traviesa. El más bonito verbo “ser”. Sé lo que sea, pero sélo. Ser o no ser no es toda la cuestión. Sino pregúntaselo a ella. Chavala que se preguntó y así es como soy quien soy.

Escarceo artístico.

¿Otra vez? Sí. Mismo principio. Al final acabaré (¿des?) gastando las palabras. La vida es cíclica. Cambios, confusión. De invierno a primavera. Me pierdo entre un copo de nieve y el florecimiento de una orquídea. Lo noto, lo siento, lo aprecio, lo percibo, lo veo. He cambiado. Y esto conlleva otro asesinato. Siempre igual. Se pregunta. Me pregunto. Juntitas nos preguntamos. Y tras tanto cavilar, saco un cuchillo y la mato. Adiós señorita Vanidosa. Fue un placer conocerla, mas ya era el momento de dar otro paso en la tierra. Y aquí observo como incluso en invierno se derrite el hielo . Otra vez despistada me sujeto con ambas manos la cara e intento recapitular. Hubo sol, de repente oscureció y ahora vislumbro otra vez con claridad. Me siento víctima. Reitero, víctima, ni mártir, ni masoquista. Víctima del más cruel de los juegos ingeniados por la natura.

Nepésicas luciérnagas.

Pequeña, ¿verdad que sería fantástico asegurarse la felicidad eterna con sólo encerrar en tu alma una luciérnaga?                 La cabeza levantada, los ojillos entornados, intentando descifrar el código que algún dios guarda en los astros. Entrecierra sus ojitos, alarga un poco el brazo e intenta rozarla con sus dedos de algodón. Mas estira y estira su miembro, y… Pretensión fracasada… Quisiera desahogarse, ahogándose en sus lágrimas. Pero ahora es mujer y el vestido de niña caprichosa no le sienta nada bien. Sí, sería fantástico. Aunque los bichos me den asco. Suena hipócrita e igualmente a tropelía . Sigo siendo capitalista y consumista, por más que me atraigan otras vías… Así que, ¡a callar! La luna riela en el Pacífico, inalcanzable y admirable. ¡Quien fuera reina de la noche! Pobre mía, intentado resplandecer cual luciérnaga en una noche de cielo despejado y luna llena . Palidez que no ciega, ilumina. Brazos que no ahorcan, acarician,...

Is it over, honey?

Días. Días conformando una semana. Semana fruto de aquel día. Día en que me fui a dormir partida. Partida por culpa de las constantes culpables, las palabras. Palabras que a veces hieren, otras, alaban. Alabanzas, las que he leído, he escuchado, pero numás me has demostrado. Demostraciones de ignorancia. Ignorancia que tal vez me he buscado. Buscar y hallar. Hallar lo que quizá no buscabas. Te añoro y quizá es mi culpa porque he metido la pata. O quizá la tuya por no ayudarme a sacarla. Sabes de sobra que soy sumisa, pacífica y tranquila. Es lo mínimo. O quizá lo mínimo es, desde tu punto de vista, que yo bese, una vez más, tus pies. Arrepentirse es una palabra con connotación apática, consiste en tirarlo todo por la borda. Un todo que fue pensado, considerado y efectuado. O tal vez simplemente espontáneo. Pero existió y ahora una simple lagrimilla amenaza con derrocar este imperio. El imperio de la realidad. Is it over, honey? Pienso en pedirte perdón. Pero me da un no sé qué, q...

Desorden celestial.

La estela del avión me recuerda a ella. Aquella tarde tumbada en el sofá llorando. Su único escudo, sus brazos. Parecía una muñeca de porcelana rota. Me mataba verla así, pero no me permitía ni rozarla. Temía que fueran mis manos quienes su recuerdo mancillaran. Con un gritito desgarrador me ahuyentó cuando, por enésima vez, me acerqué a ella con el propósito de consolarla. Clavaste una guadaña en el recoveco más vacío de su alma. Ella nunca habría imaginado tal acto bajo tu mano. Si miro al cielo es probable que perciba los restos de la estela de un avión. Desordenados uniformemente en el cielo. Repentinamente se incorporó del sillón y se fue corriendo a su habitación. Fui tras ella. Pero cuando llegué ya había roto el espejo. Y la estela de avión, rota en pedazos, se pierde entre las nubes, entre el sol que se está yendo, entre la luna que está llegando, entre mil y un pájaros, entre su alma conmovida que se desplaza lentamente a descansar sobre este irrisorio desorden celestial...

Hacer de corazón tripas.

Quisiera ser pequeña y correr incondicionalmente. No hay meta, no hay cadenas. Y aún así desconozco el significado de libertad. La ira me corroe, me perturba, me consume. Y no lo puedo evitar. Acabo de perder las llaves de las puertas del cielo, del infierno. Y me dejo por ahí olvidada mi moral. Positivo y negativo. Un día leí la sentencia “libre albedrío” e inmediatamente empecé a investigar. Cielo, te echo de menos y, aunque no esté vacía, siento este vacío que has dejado en mí. Quiero que vuelvas, pero no me atrevo a ir a por ti. Aunque realmente dudo si vendrás a por mí. ¿Qué me queda? Esperar quizá. Y morir así como una cobarde más.

Un irrisorio pum-pum.

Es como si tu alma enfermara. El virus la mastica, pero no la mata. ¿Duele? No, no sientes nada. Nada físico, sientes el vacío. Y nada más. Porque la nada, nada es. Y aún así es algo. Porque el vacío pesa más que todo lo material que podrías amontonar en un planeta soberbio y consumista al que, hipotéticamente, le doy el nombre de “la Tierra” (¿debería hacer gracia algo tan veraz?). No me importa si me reitero. ¡Orgullosa! Yo no me retracto. No es como si te faltara algo realmente necesario para vivir. Tu corazón sigue latiendo. Sístole. Diástole. Sístole. Diástole. Sístole. Diástole. Continuamente. Pero son sólo irrisorios pum-pum que, aunque te den vida e iluminen tus mejillas, carecen de sentido.

Pérfido combate.

El hombre uniformado, con silbato al pecho, toca la campana y anuncia: —Por la derecha tenemos a Billie-Jean. Peso X, altura Y. Representante del alma. Y por la izquierda tenemos a Ginevra. Peso W, altura K. Representante de la razón. Tan esbeltas y bonitas como siempre entran al escenario sobre el que lucharán a muerte. Suena el silbato y él anuncia “¡Ring uno!”. Mis ojos enrojecen. Me duele que se estén peleando de esta manera. Me siento como el suelo que pisan. Las motas de sudor mezcladas con las de sangre y las de lágrimas reflejan mi tristeza. Y así se suceden, uno tras otro, los infinitos rings. No quiero elegir. Eso sería muy rudo. Mientras tanto, es igualmente rudo, que mi suelo esté empapado. ¿Dónde se hallará escondida la fregona?

b#

Al acabar este curso, habrá acabado algo más que un curso. La vida es cíclica. Este 24 de junio, al despertar, sonreiré porque creeré estar rozando algo nuevo, algo antaño inexistente. La libertad. Para él o para ella (no importa el sexo, sólo sé que solía llamarse persona) sólo será un día más. Un día más viviendo, tal y como lo denominaba Gautama Buda, en Nirvana. En ocasiones, durante el curso escolar, me siento retenida contra mi voluntad. Mas nadie como ella para explicarme el verdadero significado de iniquidad. Al comienzo del verano habré acabado una etapa, me llamarán niña mayor, habré tomado una gran decisión. Hace años, meses, o semanas que él no puede elegir siquiera si respirar o no. Porque han derrocado hasta el más nimio recoveco de su alma. Aquel ser o no ser que está ahí es ignorado plenamente por mí. Puedo echarle las culpas a la falta de reciprocidad o a un capricho pueril. Pero, reiterándome, admito, qué sé yo de equidad hablando de lo divino. ¿Tendrá ella aún fue...

Extirpas de mi identidad un tumor.

Mi piel inexperta lo pide a gritos, "tócame, como mi mano lo hizo ayer". Cuerpos desnudos que requieren pudor pues las cortinas están descorridas y ya se advierten los primeros atisbos del astro rey. Besos iluminados por centelleos fruto de un sol tan primerizo como yo. Diferencia, complemento circunstancial de lugar: yo en tu cama, él en el cielo. Las más atroces locuras cometidas y, aún así, al hablar de esto, la sangre mi cara inunda. Y las identidades de doña Vergüenza, el señor Miedo y don Desconocimiento se entremezclan dando lugar a una palabra que me vuelve apática. No la puedo evitar, esta inocencia, es parte de mí. He pasado horas pidiendo a los complementos indirectos que me rodeaban que me violasen. Sólo es parte del juego. Tal que temo a la oscuridad, mas amo la espeluznante sensación al enfrentarme a ella. ¡Viólame! Le dije a mi novio, a mi profesora, a mi padre, a mi amiga. ¡Viólame! Canté, grité, soñé, escribí, tarareé, susurré. ¡Viólame! Aunque no fue...

It's just another lemon tree...

El vocalista de “Fools Garden” sólo ve un amarillo árbol limonero. Me siento identificada con él. No porque yo sea tan cerrada que sólo veo un arbolito cuando me hablan del cielo azul, sino porque yo también me siento confusa, y me pregunto. ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Para qué? Y así me gano el nombre de “la niña filósofa”, porque sé pensar. Y amo pensar. Aunque la razón sea una ladrona. Por eso últimamente escribo tan poco. He mandado a pasear a mi alma, echando por tierra sus pobres excusas bañadas en sentimientos humanos. Llámame fría. Y seguiré siendo la persona más caliente en kilómetros a la redonda. La lógica también tiene sitio para el amor y cosas así, pero nunca me hará llorar. No puedo resignarme ante las hipótesis. Por eso hace tanto tiempo que no lloro. Porque la razón lo abarca todo, pero lo enseña con distinto foco al del alma. La razón me dice que las lágrimas son un reflejo ante la “suciedad” en los ojos. A mí no se me ensucian los ojos, yo me pongo triste. ...

Como ellas, como yo.

Las flores, resignadas, no florecen en invierno. Las lágrimas, avergonzadas, no emergen en determinadas circunstancias. Llanto. Sollozos. Gritos. Gemidos. Sangre, sudor y lágrimas. La vida es sueño, ¿qué encontraré cuando despierte? Mientras tanto me mantengo virgen, no me gusta esta vida en vano. Hacer lo que hago. Todo en balde. Llenar una bañera sin fondo. No conozco el apetito. Ni por lo vivo, ni por lo muerto. Sólo espero que suene la alarma para salir corriendo (o a nado, o volando) de este universo inerte. Donde la gente es gente y no tiene siquiera nombre. Donde entra por la entrada y sale por la salida. Donde ríe porque dice que hay que disfrutar la vida. Y no conoce el significado de ésta. Quizá yo tampoco. Por eso me declaro seguidora de la anarquía. Y es que aunque esté soñando, sueño. Y sueño con la libertad. Con sumergirme en un mar dulce. Con destruir a Newton con sólo lanzar una manzana. Sueño con la libertad. Sueño que sueño que sueño que el reloj sonará. Y cuando m...

Sería.

Si pudiera ser algo, efectivamente, sería un suspiro. Porque aunque estuviera cargada, no pesaría nada. Y volaría libremente rumbo a un numás eterno. Porque el aire es inmortal. Y disfruta plenamente de su libre albedrío. No tiene ruta, no tiene destino. Ni dirección, ni tamaño, ni sentido. Se introduce en una boca, en un pulmón y te da vida. ¡Es tan mágico! Es tan envolvente y a la vez ligero.

Rezar siendo atea.

Y soñar con una condición en que la eternidad no sea sueño. La libertad, un hecho. La felicidad, el más dulce licor a disposición de todos los mortales. Las lágrimas, una costumbre. El cielo, un pedacito de mar. La perfidia, un pecado capital. Los pecados capitales, algo ilegal. Y lo ilegal, algo inexistente, increíble, inimaginable. Juntas proclamaremos: ¡Anarquía! ¡Libertad! Y soñar con una condición en que sueñe que sueño. Y soñar que al despertar derrocamos el sistema capital. Viviendo en un sueño, soñando que vivimos.

a#

Uno de mayo de dos mil nueve. Aquel día se celebraba en la playa el típico festivo de comer sardinas. Me desperté cerca de las once de la mañana y seguí mi aburrida no rutina de sábado. Después de comer, mis padres me acercaron a la playa. A día de hoy, aún me pregunto por qué estaría ella tan feliz de verme y tan cariñosa. Todo esto teniendo en cuenta lo fría y borde que siempre ha sido. Lo peculiar es que me dio hasta un abrazo. Me alcanzó una pala y empezamos a jugar. Llegaron amigos, otros se fueron. El cielo empezó a nublarse, pero nuestro cálido espíritu adolescente no nos impidió seguir bañándonos en el gélido mar. Incluso tomamos helados y bebimos refrescos congelados. ¿Morbo? No creo. Era solo una tarde más en la playa. Serían las ocho cuando solo quedábamos nosotras cuatro. Quienes creíamos que seríamos amigas por siempre. Tal y como dice esta preciosa canción de Queen. Melodía que está consiguiendo que mis ojos se aneguen en lágrimas. Hablo de aquel atardecer. Ella fue a po...

KILLER QUEEN (No preguntes el por qué del título)

Dibujo un sistema de coordenadas y, sobre éste, esbozo un vector. Su sentido indica la dirección de huida hacia un numás eterno. Envidio tanto a Pedro Sartén. Desvío la mirada del papel y contemplo al pequeño payasito de tela y porcelana. Lo amé tanto... Y ahora está ahí quietecito, con la cabeza rota, sentado en una sillita cuya utilidad es sostener un teléfono móvil. Recuerdo que en las noches taciturnas lo acostaba junto a mí y le pedía que me consolara y le susurraba te quiero . En las noches de invierno le tapaba con mi pañuelo de tela favorito. Le daba un beso cada vez que le veía. Le peinaba ese pelo blanco tan bonito. Enmendaba su ropita si sufría algún desperfecto. Hará, más o menos, tres meses se cayó y se abrió una brecha en la frente. Con temblores en mis manos, por la pena que desencadenó el horrible acontecimiento, corté una tirita y se la puse, con mucha ternura, en la cabecita. Me entristecía tanto verlo herido... Poco tiempo después le quité la tirita. Pensaba que ...