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La salle de bains.

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Sí, es oro todo lo que reluce. Me deshago de mi albornoz de seda para acabar tal cual Dios me trajo al mundo. Voy a tomar un baño. Entro en mi salle de bains, una habitación de exquisita decoración. El lavabo, la bañera y cada detallito son de oro pulido. Abro los grifos, deseo sumergirme en agüita templada. Escojo cuidadosamente distintas sales y variadas esencias, da lugar el nacimiento de numerosos estilos de pompas. Abro el armarito a la izquierda del espejo redondo situado encima del lavabo, tomo un trocito de algodón y lo empapo en desmaquillante. Adiós tenue sombra aterciopelada, adiós máscara, adiós lápiz de ojos. Más algodón y más crema. Adiós base de maquillaje y colorete, buen viaje lápiz de labios. ¡Ups! Un pequeño descuido casi me cuesta una inundación. Cierro los grifos. Tiro en la dorada papelera los algodoncitos contaminados e inauguro mi solitaria fiesta del baño. Me meto en la bañera con el pie derecho (la suerte ha de sonreírme, para eso le pago), meto el pie izq...

Viajes en tren.

Mis lágrimas quieren llorar en compañía de la soledad. No hay causa, ni habrá consecuencia. No tiene origen, ni tendrá fenecer. Uff, maldita ignorancia, me perturba y me persigue hasta que enuncie el catorceavo "no sé". Me cae mal. Quisiera despojarme de esta camisa llena de parches (100% infalibilidad de mal género), pero tengo miedo a dar más de lo que tengo y que entonces mi recuerdo sea poco más que polvo en el viento disuelto. Hermanos a mis lados, aun así en dieciséis años de vida sólo he encontrado a tres personas a quienes denominar de este modo. Ay pobre de ella que se rindió ante la más falaz de las batallas mientras su llanto aumentaba equivalente a su sentimiento de culpabilidad ya que la pequeña Kamala está en alguna esquina perdida de Asia, muriendo de hambre y preguntándose a dónde habrán mandado a su hermano mayor. Es injusto. Es un hecho conocido que así es, se hallan ejemplos a raudales: "estoy muerta de frío", "tengo hambre", condenas ...

No lo dejaré pasar.

Gracias por ser quien fuiste. Por hacerme reír, por hacerme llorar. Por escuchar mi risa pueril y por recoger en una botellita mis lágrimas. Celestina griega. Sí, lo prometo. La amistad es como una boda más. "Yo te amaré hasta que..." proseguido de un eterno sinfín de juramentos. ¿Cuántas personas llegan a la tumba sin pecar? ¡Oh! El juego de los intercambios de amor-odio. No, me niego. Hay ojitos que se quedan grabados en la mente. Y pasa el tiempo. La gente tiene carencias mentales en la sección de memoria. Pero es que son verdes, joder. Así que no, no los olvidaré. No tengo hambre. Como por comer. No estoy aburrida. Juego por jugar. No tengo ganas de morir. Me corto por cortar. No tengo inspiración. Escribo por escribir. No tengo basurilla en los ojos. Lloro por llorar. No tengo sed. Bebo por beber. No te amo. Me rayo por rayar. No estoy sucia. Me baño por bañarme. Es la vida. No sé qué significa sufrir. Porque en mi cabecita imagino constantemente hechos. Creo ...

Comienzo.

Mi respiración dura menos que un latido y mi corazón no se da un respiro. Enfermedad infecciosa que ni siquiera necesita ser diagnosticada por un médico; se llama apatía. No se cura con medicinas, no hay antídotos, en pocas palabras, no hay manera conocida de erradicarla. Fortuitamente no es letal. Pero hace de tu existencia una tragedia. Comienzas a apodarte “drama queen” porque todo parece carente de solución (he aquí un símil entre la enfermedad y uno de sus síntomas), no tienes ganas de hacer nada (porque lo poco que haces, lo haces sin ganas), estás incómodo dondequiera que estés, nada satisface tus necesidades (se desconoce si los enfermos de apatía tienen necesidades que puedan colmar o si al menos tienen necesidades) y escribes un montón (seas escritor o no) porque tienes quejas, muchas, bastantes. Un día, cansado de que te digan que cansas, te vistes bonito, llamativo y te vas a dar una vuelta al pasillo de los sentidos. Tocas, ves, oyes, saboreas, hueles. ¿Y cómo te encuentra...

Espejito, espejito...

Admírala. ¡Es tan graciosa! Admírala. Moviendo el polisón añil con tanto arte. Rompe sus capilares con el fin de ruborizarse. Toma otro suave trago de ginebra. Da una calada y suelta una esponjosa nube cargada de tabaco. El carmín de sus labios sonrosados queda sellado en el desgastado vaso. A su lado pasa el camarero, ella levanta la mano, abre la boca y lo pide: un caramelo de vainilla. El más dulce de los sabores, el más empalagoso de los olores. Una voz oscura, bonita y clara: “un caramelo de vainilla, por favor”. La dependienta suelta, torpemente, sobre el mostrador una pequeña bolsita. Una pastilla redonda y amarilla dentro. Con voz tosca le pide el dinero. Ella paga, toma la bolsita y se marcha. Una vez fuera del ultramarino se desliza lentamente, con sus andares de cisne. Se sienta a los pies de un árbol viejo y torcido. Se mete en la boca el caramelo y lo saborea. La esencia del susodicho se vuelve reiterativa en sus papilas. Puedo relatar mis antiguas vidas en tercera p...

Una travesía traviesa.

Viernes tres de diciembre de dos mil diez. Cita a las 15h00. Nervios desde las 6.h5 de la mañana. Una continua cuenta atrás hacia el momento que no anhelaba mientras lo deseaba. [...] Ese ruido perforaba mis oídos. Mis manos sudaban fervientemente. Mis piernas no pararon de temblar ni un sólo segundo. No lo podía evitar, torturarme por voluntad propia. Estoy completa e irrevocablemente loca. Él concentrado no apartaba la mirada. Mojaba su instrumento una y otra vez en la tinta para rasgar mi piel. La aguja que iba y venía, cual tranvía. Joder, que mal lo pasé. Y, sin embargo, sonreía. Una morbosa jovencilla tumbada en la camilla de un estudio de tatuajes. Sí, lo sé, no tengo remedio. Es una más de mi larga lista de experiencias en esta vida. Y volvería a hacerlo, sin dudarlo, aunque fuera la más agresiva de las violencias numás infligidas contra mi cuerpo por afán propio. Intenté entrar en nirvana. Una, dos y tres veces. Me partí por mi ignorancia. No tengo ni puta idea del budismo...

Declaro la guerra a tu entidad.

Competición de terquedad. Para cabezota: yo. Peones en que sus majestades confían. Hacen poco más que abultar y fingir así que es mayor el ejército real. Torres en las esquinas, encargándose de que no acontezcan serios problemas. Ya sabes, abusos de violencia. Caballos de los jinetes que cabalgan guardando las espaldas de los monarcas. Alfiles omniscientes. Lo saben absolutamente todo. Y, al fin, yo la reina de los blancos. Él, el rey de los negros. Dispuestos a luchar pacíficamente. Porque ambos somos los únicos poseedores de la verdad. Y la impondremos. Sea como sea. Pese a las injusticias que serán cometidas. Hay ocasiones en que el fin justifica los medios. Auto-imposición del mando. Coronados, pero sin haber asumido el cargo. Esta lluvia maldita me recuerda tanto a la definición de los sentimientos. A veces agrada, otras no./Hay a quienes satisface, hay a quienes disgusta. ¿Móvil? Morbo, cansancio, diferencias sin resolver... Está poseído, ausente, esquivo. Ojalá fueran drogas...

Gracias, tocayo.

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Cerré los ojos. Me entregué a Morfeo. Dormí. Soñé. Me desperté. Volví a caer dormida. Volví a soñar. Día siguiente. Hay movimiento en casa. Mi madre me grita para que me despierte. Seguramente es un poquillo tarde. Y hoy toca entregarse plenamente a los verbos en latín. ¿Quién me mandaría a mí...? Me levanto súbitamente. Abro la persiana lentamente. Ese es el verdadero concepto de equilibrio. Un precioso día espera mi sonrisa. El sol luce radiante. Poco importaría que no brillara en todo su esplendor, porque tras un lloroso día, cualquier estrellita vale para hacerme brillar a mi también. Abro la ventana y asomo la nariz. ¡Oh, qué delicioso aroma! Esencia de novedad. Un nuevo día amaneció, carente del más mínimo rastro de nimbos. Una nueva persona despertó, carente de ineptos pensamientos sobre inutilidades realidades. Ya no llueve, pero llovió. Ya no llueve y eso me place. Ya no llueve, pero lloverá. Y yo estaré ahí, con mi pequeño y endeble paragüitas y mis vestimentas mojadas...

Lluvia del 27.

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Maldita, envenenada, mojada, traicionera, siniestra, maléfica, malvada, arrasadora, abusadora, devastadora, cruel, melancólica, triste, enfadada, pérfida, inicua, funesta, aciaga. ¿Acaso importa mi punto de vista de la susodicha? Lluvia. Solía no gustarme. Pero ya está aquí y mi esperanza de que arrastre con ella todo lo inútil, maquilla completamente mi perversa y subjetiva descripción. Mi sueño de que en sus gotas haya un poquito más de paz, amor y empatía. ¿Por qué no? Narradora protagonista. La detesto. Y detesto que sea noviembre, 27. Detesto el invierno o el otoño. Detesto el frío. Detesto el agua que cae de las grises nubes. Chubascos y chubasqueros. Paraguas baratos que se arruinan con una brizna de viento. Imagínate con los goterones que precipitan sobre mi cabecita, el vientazo que sopla. Mejor resignarse, tirar el paragüitas a la basura y mojarse. Pasar frío. Y somos tan egocéntricos (Mundo= Europa + Norte de América + Ciertas partes de Asia) que tenemos la horrible expr...

Los sesenta y nueve pecados capitales.

Tras el crepúsculo llegó la luna nueva, dando lugar a un eclipse en el amanecer. Se quisieron. Una hermosa fusión de sus miradas, ojitos malévolos cargados de desprecio. Se odiaron. Una expresión de rictus, divertida mueca. ¿Y ahora? Una indiferencia fraternal. Obsesivamente enamorados. Un rostro bello y educado. La más imperfecta perfección. Mutuo acuerdo. Cayó en sus redes. La incomodidad inundó su sangre. Las agujas bailaron sobre la brillante esfera y se acostumbró. Rutina: nacer, crecer, reproducirse y morir. Mas en mitad del hábito se rompió algo. La paz les incordiaba. Delicia jovial. Pedir perdón veintitrés veces tres. Esconder los aborrecibles te amo en apetecibles te odio. Una lucha continuada. A ver quien es capaz de hacer más daño. Ella muerde. Él succiona. Ella desmenuza. Él deseca. Su efímera vida basada en una relación prohibida. Aún resuena el eco de sus tiernas discusiones. No había miembro dominante. Insultos por lo bajini. Ganaba quien más tardara en callar, qui...

Fe finiquitada.

Se desperezó envuelta en el edredón tricolor y tras el enésimo bostezo se incorporó. Se bajó de la cama con el pie izquierdo, por supuesto. Se repentino reflejo se encontró en el espejo con el del astro sol. Y al ver la laceración rojiza de su mejilla recordó la razón de su rotura en pedacitos el día anterior. En ese momento ridículas pelusas yacían desperdigadas por el suelo de la habitación. Motas de ceniza agolpadas en torno al cacharro en que estaba sujeto el incienso. Ropa desdoblada sobre la silla, la cama, la mesa, el armario… Tan jodidamente desordenada. Cuatro paredes moradas (específicamente morado terciopelo) con marcas de pisadas y de ideas abandonadas. Razocinios a medio empezar trazados en post-its y una libreta verde pistacho pintorrajeada con boli Bic azul, de modo basto. Un, dos, tres. Respiraciones zen. Intentó ser un pelín egocéntrica porque continuamente se veía ahogada por culpa de las preocupaciones ajenas. Entrega. Misionera. Empatía. —Vale, estoy aquí y me...

Ni se te ocurra decir "¡qué bonito!"

Vendo mis ideas. He montado un lupanar en que puede usted contratar vocabulario del más variado. Y subasto todo lo que firmé aquellos días en que tener el don de la escritura me enorgullecía. ¿Crisis de carácter monetario? Nah. Esta es mi manera de resignarme. De decir "hasta aquí llegué". Se ha marchado. Ella. Mi jodida inspiración. Y yo estoy tan cansada de que en mis ojos se agolpen las lágrimas y sentirme tan miserable, fracasada. Adiós bellísimas palabras. Sé que os necesito. Y que no me hace ni puta gracia ponerle punto y final a esta bazofia. Pero es que tengo tanto miedo, soy tan endeble que necesito hacerlo, poner un fin eterno. (O, lo menos, indefinido). Arriesgaría tanto si tras esta despedida intentase regresar a este mundo fabuloso. Ajá, fabuloso cual fábula. Porque lo único que conseguí con esa libreta y este blog fue crear una realidad intangible. ¿Inexistente? No, intocable. Me confundí entre los lisonjeros comentarios y las opiniones sobre mi aparente pesim...

Prehistoria.

Milésima de segundo. Centésima de segundo. Segundo. Minuto. Hora. Día. Semana. Mes. Bimestre. Trimestre. Semestre. Año. Lustro. Década. Siglo. ¿Eternidad o infinito? No lo sé. Y tampoco sé si estas palabras tienen verdadera identidad. Puedes hablar de la milésima de segundo más larga de tu vida o del siglo más corto de la susodicha. Y cada vez que esta maldita manía humana por el orden mueve la manecilla de cada reloj de este planeta, nos alejamos un poquito más. Es como si aquella fina capa de arcilla a la que dimos lugar perdiera consistencia. Y cada conflicto ha caído cual lágrima sobre ésta, empapándola y colaborando en su lenta y dolorosa desintegración. Y cada vez que voy en tu busca, encuentro miradas que atrofian mi esperanza, palabras vacías; y siento que el aire vuelve a fluir entre nosotros, pero no es el aire que yo anhelo. Y me doy de bruces, tras otra vergonzosa y dramática situación, con que me falta madurez afectiva. Si tú supieras… Pero como no lo haces… Pues simple...

05 [...] 10

Llueve, mas las cuencas del río están vacías. (Si es que al menos cuencas aún hay). Ni una mísera gota de agua, ni una solemne tortuga. Las palabras más que desgastadas derrocaron el endeble imperio y las cenizas vuelan esparcidas en el gélido viento. Utopías posibles en mi amado Plutón. En la Tierra no, en Plutón. Así que (cual niña ingenua y cabezota) ten por seguro que seguiré creyendo en Papá Noel, en Dios y en ti. Y ni se te ocurra vacilarlo, te prometo que esto es así. Me observas como si fuera una extraña. Con la boquita torcida y los ojos expectantes. Ignorancia. Mi inexistente indiferencia se embebe y es bautizada con el nombre de minucia. Por mi cabeza rueda la segunda declinación de latín. A mi alrededor bailan hilos de incienso efímero. Suena el timbre del microondas. Los niños juegan fuera al escondite entre risitas delatadoras. Alguien se ducha en el piso de abajo. Mis órganos trabajan en todo su esplendor. Las nubes se desplazan y el sol me ciega. Ella c...

Solo tú.

Si nunca hubiera sabido de tu existencia. Si jamás hubiera contado con tu presencia. Si numás hubiera nacido en mí esa creencia. Esa fe en ti. Transparente cual gota de lluvia recién caída. Irradiante como el sol en el horizonte. Luchador como la mariposa efímera que intenta remontar el vuelo en sus últimos momentos de vida. Quisiera contarte que mis dedos huelen a metal porque he estado intentando tocar algo de rock and roll. Un frustrado intento de ser el reflejo de mi idolatrado Kurt. Me gustaría que me ayudes a coger mi libretita y no soltarla. Buscar el elíxir de la inspiración eterna. Crear un mundo cuyo lema sea "Paz, amor y empatía". Me adoraría en el momento en que me decidiera a cogerte del brazo y no dejarte marchar hasta soltarlo todo por mi boquita descarada. [...] Mis reducidas palabras están impregnadas de condicional porque así soy yo. Y enunciar una mentira más. "¿Qué tal?" Nadie hace un pareado confesando "¡Mal!". Absolutamente nadi...

Detrás.

¿Qué nos ha pasado? Mi cuerpecito solemne ha avanzado pero mis piececitos almados se han quedado atrás. Las letras que constituían palabras, las palabras que conformaban versos, los versos que eran parte de mis textos. Simplemente puedo copiar literalmente, ya ni recuerdo mi firma, la que ponía punto y final a mis melodías ("tarareado por Agus Azul"). ¿Qué nos ha pasado? Tengo constancia de que no soy la única. Me dejo llevar por teorías filosóficas extremas y me entran fuertes ataques de angustia existencial. Y si todo fuera un gran escenario de teatro. Peor aún, y si mis palabras fueran una obra teatro. ¿Qué me quedaría entonces? ¿Vivir teniendo consciencia de que estoy leyendo un guión? Cuento con lápices, bolígrafos, ceras, rotuladores de las más variadas gamas de colores. Cuento con libretas, folios, archivadores, Microsoft Office Word 7, blocs de notas. Cuento con diccionarios en castellano, en ingles, en mil idiomas, de sinónimos, de antónimos, de significados. Cuent...

Aquélla.

Luminiscentes focos me dejaban ciega en una oscura noche otoñal. Observaba a la aristocracia bailar reggaetón tambaleándome sobre mis tacones. Una nebulosa destellante ceñía mi cabeza. Por favor no me llames. Estoy cansada. Sentí turbulencias, más bien las vi. Me puse tensa. Me planteé descalzarme y partirles la cabeza. Sonaba una canción horrible: “yo lo tengo grande, tú lo tienes pequeño, hablo de tu piii…” ¿Perdona?  3,141556…? Por un momento las turbulencias empeoraron, el avión parecía estar a punto de estallar. Is everything al right? Un soso “yeah”. Por favor no me llames. Estoy rayada. Un curioso batido de diversos sentimientos (qué digo, sabores) me dejó mal parada en la enésima galaxia. Si tenía algún deber u obligación, que los tenía, se me olvidó. Completamente. Por favor no me llames. Hay una persona cabreada. Me estaba desmaquillando y desnudando. Me aclaré la cara, y uno a uno los recados me atacaron por la espalda. Tantas cosas pendientes hallé en mi lista de...

Sometimes it seems that it's over.

Prácticamente nada. Eso es lo que tengo. Casi, casi nada. Es eso lo que poseo. Intento abrazarlo, intento cogerlo, mas no puedo. Echo un vistazo a mi alrededor y, perdida entre la bruma del incienso, observo una ridícula pelusa en medio de este infierno. El más adecuado de los símbolos. Seré, y sé que lo soy, subjetiva, pero, siendo realistas, ¿de qué le sirven los recuerdos a una joven materialista? Ya ni se envían cartas, ni se revelan fotografías. Ya no se aprecia nada. Y es por eso que poseo esta “sustancia” en abundancia. Le sonrío a la vida, ¿conservas tú algo suyo, amiga? Juro y prometo que he rebuscado en cada caja y cajón, en los bolsillos del pantalón, en la papelera, en el trastero, en mis bolsos… ¿Qué hallé? Una cuestión, ubi sunt? He dejado caer mis párpados lentamente, he escuchado los secretos de los pájaros, he suspirado lentamente y he intentado hallar respuestas compenetrándome con mi atman. Conclusión: soy tan jodidamente relativista… Una respuesta hipotética sólo ha...

Creyó tener razón.

“Ten cuidado” susurró suavemente. Pues son los susurros la manera más bonita de comunicarse. Que esto quede entre tú y yo. Hoy me siento, tú te sientes, él/ella probablemente se siente, nosotros nos sentimos, vosotros deberíais sentiros, ellos probablemente se sienten culpables. Me propongo proponerme desafíos sin inseguridades. Comprar esa aspiradora de la que él tanto habla, me ha dicho que aspira todos y cada uno de los átomos que empañan el espejito de la auto-confianza. Mas estoy en bancarrota. Gasté mis ahorros en prostitutas palabras. Ofrecí fútiles sacrificios a los dioses de la inspiración. Siendo poco más que gota, vi un mar en que metafóricamente me ahogué. Soy una maricona. Y eso no es aspirable.

Equilibradamente bipolar.

Sus enormes pupilas verdes sólo tienen cabida para aquella lata llena de deliciosas y crujientes galletas. Sólo unos pasitos más, estirar el bracito y cogerla. Jo, es que son tan increíblemente irresistibles. Polly quiere una galleta. Baja a la cocina. Se sirve una. Polly quería una galleta. “Soy libre” le susurra compasiva a su minina Amy. Le entra sed, sirve un vaso de agua para Amy y llena un recipiente para ella misma. Sube a su cuarto. Busca, rebusca y encuentra. Enciende las velas por las que tanto se desvivía minutos atrás. Ipso facto las apaga. La pirómana con más miedo al fuego numás habida. Vuelve a bajar a la cocina. Amy llega antes, es una gatita muy rápida. O Polly le ha permitido ganar la carrera. “¿Qué comemos?” pregunta indecisa a Amy. Saca una latita de atún de la nevera. La reparte, pero la mitad que le pertenece a ella la deja en el recipiente. Come directamente de ahí. Es tonta, y esto le cuesta un rasguño en el labio inferior. ¡Pobre Polly! Amarra a Amy y la sac...

Disertación astronómica.

Lloraba estruendosamente, mas eso no le impedía seguir tomando instantáneas de los transeúntes que circulábamos por la avenida Constelación. Vacilante me acerqué a él y me senté a su lado. Alzé la vista. —¿Qué te pasa cielo? La gente no apartaba su mirada de mí. "La chica a quien no le importa estar mojada." Probablemente pensaban < >. —Cuando él va yo vengo. Cuando él viene me marcho. ¿Puedo afirmar que lo extraño? Perpleja me quedé cuando aquellas palabras escuché. —Dicen que somos polvo de estrellas —supuse. —Ajá... De hecho lo somos. "¡Ya! No me gusta hablar sin conocimiento de causa." Pero callé, no soy (tan) borde. —Pues quizá sí puedes afirmarlo. Una vez ví al astro rey en presencia de su amante colorido y tú, su hijo. —Su hijo maricón —repuso al borde del llanto. —Bah, ¿por qué me has mentido? —¿Te gustaría tomar un café? —¿Para...? ¿Qué quieres, disponer de aún más tiempo para llorar? —Vale, ¿te hace, entonces, una taza de Nesquik? —Per...

A su manera no, a la mía.

Increíblemente segura de sí. No hicieron falta palabras. Aunque hubo quién, infructuosamente, las usó. ¡Vaya gasto innecesario de saliva, no se enteran de que me da igual! Gritaba ella vivazmente. A los cuatro vientos no, a los cuatro tipos de calores. El del África y sus acompañantes, cuyos nombre ignoro. ¡Hacía tanto calor!

Trying to come back.

Y ya no importa nada. Porque he apreciado desgana en sus palabras. Y esa desgana tiene una misión, afirmar que yo tengo, tuve y tendré razón. Yo escribo. Bah, escribimos. A mí se me va la cabeza por las personas. Pero eso no cambia nada. El sol y la luna. El calor y el frío. La luz y la oscuridad. Un abismo nos separa. Y ya no importa nada.

Un caramelo de vainilla temporal.

Llegó el esperado verano. Mejor dicho, esperadísimo. Pero con éste vino de la mano también el calor, quien a su pequeño arte disipó. Talento disuelto en pensamientos antaño impensables. Adquirió en el estanco un caramelo de vainilla, y ahora se pelea para abrir el envoltorio con sus uñas mordidas pintadas del color rosado con que se identifican a una Barbie. Niña de papá. Manos transpiradas, se empieza a notar el calor. Al fin rompe el papel amarillo, y mete el dulce en su boca. Lo siente, una vez más, es poseída por el sabor dulzón de la vainilla. Y no hay tiempo de tomar un lápiz para continuar escribiendo sandeces. Un caramelo de vainilla temporal, tan fácilmente controlada. Manipulada...

d#

Poco puedo daros, pero quisiera leeros algo. Romeo Capuleto dijo, "lo que llamamos rosa, con cualquier otro nombre tendría el mismo perfume". Justamente de eso trata esta curiosa etapa. Permutar los componentes de la flor sin alterar jamás su esencia. Palabra clave, metamorfosis. Empezamos siendo insignifcantes gusanos que hasta este pasado quince de septiembre se arrastraron. Poco importa el pasado, porque tras este embrollo, habremos creado un espléndido capullo en que gestarnos hasta saber batir las alas. Una misión: lograr la evolución. Hemos pasado juntos nueve meses. Treinta y seis semanas llenas de lecciones, sonrisas y lágrimas, oraciones y súplicas, exámenes, ilusiones, dudas y cuestiones. Todo bajo el más objetivo de los ojos, un destino que día a día hemos escrito. Y este veintitrés de junio lo tiraremos todo por la borda. Con nuestras nuevas personalidades, creeremos olvidar este curso, y perder de vista nuestro propósito final. Aunque, si hay algo inalterable...

Un placer hedonista.

—¿Sabes qué? —¿Qué? —Creo que me rayo mucho. —¿Mucho? —Demasiado… —¿Demasiado? —¿Seguirás actuando como mi eco mucho más? —No. Simplemente pensaba. —En voz alta. —Ya. Ella suspira. Él retoma la conversación. —Y, ¿por qué lo haces? —Porque… No sé. —Sí lo haces. —Es que soy humanista, o ilustrada. Agnóstica. Joven. Qué sé yo. —Sabes más de lo que crees saber. —Sólo sé… Él interrumpe. —Que no sé nada. —No me interrumpas —dice ella irritada. —Perdón. —A lo que iba, sólo sé que sé muy poco. —Aprendamos. —Por eso me rayo. —Soy el mejor. —Lo sé. —Otras cosa más que sabes. Ni se te ocurra volver a cuestionarme mi egocentrismo. —De acuerdo. Aunque sabes que lo haré. —Qué se le va a hacer… —Habrá que intentarlo. —¿Entonces? —Lo intentaré, procuraré no volver a cuestionártelo. —Gracias. —Las tuyas. Ambos sonrientes. Él concluye. —Las nuestras.

La última velada.

—Mira, me rindo —dijo satisfecha y a la vez orgullosa la luna, ocultando su melancolía. —Pues vale —contestó pasivo el sol, ocultando su pena al saber que no volvería a verla. —Entonces, ¿ya está? Problema resuelto, ¿verdad? Como siempre, a tu manera. —Otra vez igual… —No te lo reprocho. —Pues lo parece. —Nada es lo que parece. Simplemente recordaba mi condición. —Tu condición débil. —Mi condición débil y pueril. Quedose sin palabras y suspiró el sol, alisando su rutinario traje de bipolaridad. A veces tan congelado, otras tan candente. Ella, sumisa y paciente, no mantenía su mirada, no más que por miedo a no encontrarla y hallar en su lugar la mayor muestra de una realidad taciturna, una relación olvidada. —¿Te arrepientes? —susurró ella. Tan bajito que, confundido con un silbido, él siguió mirando hacia el infinito. Repitió entonces—. ¿Te arrepientes? No. Ayer. Tal vez. Es que. Yo. Pero. Acontecimiento. Sí. Suelta una sarta de palabras que poca coherencia tienen ante el a...

Fui frígida.

La madre observa minuciosa y detalladamente cómo su hija se vuelve fulana. No es sólo por esos tacones infinitos que estilizan sus piernas, ni por el pequeño vestido palabra de honor que realza su pecho y poco lugar deja a la imaginación. No es sólo por el cabello pulcramente ondulado y con una chistera, al más puro estilo Charles Chaplin, adornado. Tampoco por el peculiar imperdible que cuelga de su cuello. Ni por ese maquillaje tan candente. Furcia barata que se prostituye en las calles de la filosofía. Comprada incluso por la más necia explicación. Entregada gratuitamente a las enseñanzas de cualquiera que ose llamarse irracional. ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? Es atada de piernas y brazos y obligada a cuestionarse hasta el más idiota de los porqués. Su mente pueril e idiota, contaminada por la llamada “sociedad del siglo XXI”, difícilmente halla respuestas. Mas sus entrenadores predilectos no se separan de ella. No al menos mientras el éxtasis no aceche. Entrenar has...