Roxanne.

Una bolsa de basura bien llena en la mano izquierda y en la derecha un cigarro recién encendido de tabaco barato. Da enormes bocanadas, inundando sus pulmones de humo grisáceo. Intoxica su cuerpecito contaminado. Con rapidez mueve sus piernas embutidas en unos leggins azul eléctrico que estuvieron de moda el año pasado,se dirige al islote de contenedores, arroja sin miramientos la bolsa negra y cruza el túnel rápidamente. Poco le importan los coches. Con la mano izquierda se sacude breve y levemente el pelo corto, peinado que, con un mejor tinte, habría causado sensación en los 60, HOY NO. Hoy solo parece una cuarentona menopáusica que pretende huir de los sofocantes calores. Mira atrás un par de veces y se adentra en una especie de bosquecillo, tira el cigarro sin siquiera apagarlo y se mete la mano en la entrepierna.
Trece minutos más tarde se levanta a duras penas del césped amarillento, largo y meado por gatos solitarios. Su faldita vaquera ha adquirido un aire desaliñado. Se pone en marcha hacia el chiringuito y allí, evitando las preguntas entrometidas, termina su turno a las 12.00 de la noche.
El cielo oscuro disimula el manchurrón de su trasero. Otra bolsa de basura, otro cigarro. Una vez se deshace de la bolsa y termina con ansia dos cigarrillos, se pone el casco rosa fucsia y se monta en la moto. Llega a casa, cansada, y se ducha. Mientras se seca lo escucha llegar.
—Nena, ¿estás en la ducha?
—Sí.
—Vale, te espero en el cuarto. Ha sido un día duro.
Ella ni se molesta en vestirse. Llega a la habitación, pero él no está, se tumba boca abajo y, en menos que canta un gallo, él comienza a penetrarla violentamente. Le tira del pelo, la araña, la muerde. Ni una sola palabra.
En el salón él cena en silencio y ella contempla la escena con lágrimas en los ojos.
Se van a la cama. Se repite. Out of sight, out of mind. Sin detalles.
A las 7.00 en pie. Aun hay residuos de ayer esperándola en el chiringuito. Una bolsa de basura y un cigarro. Hace 5 meses y 23 días que decidió dejar de llorar.
En el break que hace tras el almuerzo carga otra bolsa y fuma otro cigarro (lo sé, suena aburrido). Vuelve a su bosque personal y su mano acaricia su zona genital. Durante 12 mintuso y 59 segundos el hada pobre del cutre bosque se halla en paz.





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