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NMM, NMT, NRMA

Llueve. Llueve en mi cara. Llueve en la calle. Llueve en Japón. Llueve en algunas casas. Pero, irremediablemente, llueve. Y nada ni nadie puede ser paraguas. Esa decepción que me corroe no sanará. Lo material muere. Es no-posible parar a la madre Naturaleza. Y a ellas, ¿quién las arreglará? Sigo detestando a los cretinos que obligan a las nubes a llorar. Puedo ponerme un abrigo, un chaquetón de esos gorditos, sonreír y decir que nada va mal. Pero no por eso va a parar de llorar. Ni voy a parar de llover. [I told you that I was trouble!] No, ¿¡quién lo podría evitar!? Hermano Epicuro, acude a mi cuerpo y hazme entrar en razón. Me debo a mí. Y a mis obras de febrero o por ahí. "No conozco o, mejor dicho, no quiero conocer más amor que el propio". Si ni nos miramos, ni nos hablamos ni respiramos el aire de la otra, ¡mejor! Mamá insiste en repetírmelo desde que tengo uso de razón y soy consciente de él: hay que juntarse con las personas que te suman, no con las que te restan. ...

Mujer contra mujer.

Gotitas de la lluvia de ayer permanecen sujetas a mi persiana, al igual que yo pendo de una canción, situación, frase o palabra. Objetivo: no olvidarme de tu cara. Y aquí me hallo, junto a Tomi Crucero, rodando "Misión No-Posible X". It's all over now, baby green. O al menos es eso lo que parece. O no todo es lo que parece. Tantas veces tuve menester el adquirir un mapa, pues me perdí en tu mirada, y tantas otras me paro un mínimo segundo y me encuentro buscando. Buscando encuentro. ¿Sabéis alguno de vosotros, resignados mortales, lo que es escuchar 36, 38 ó 39 veces "iInfinity" cuando lo único que deseas es escuchar tu canción favorita cedida por tu persona favorita? Raíces de este diminuto planeda en un infinito mundo. La vida es sueño. El florecer es sueño. Yo quiero ser un esplendoroso y deleitoso jazmín. ¿Es eso lo que nos queda? ¿Ser pequeños animalitos parlanchines? Hemos vivido generaciones, nos hemos dicho de todo, te doné parte de mi esencia y t...

I totally miss you!

Sentada en el servicio, mi habitación favorita (a causa de una inmensa retahíla de causas que no tengo tiempo de enunciar), oí a un pajarito canturrear alto y claro "ANARQUÍA". Me sentí irrevocablemente identificada dado que mi cabeza lleva días y días desordenada. Y los únicos lapsos que me salvan de esta catástrofe son aquellos en que cojo mi bella bici roja (a la que aún no he bautizado, quizá no existe nombre lo suficiente bueno para ella) y, bajando pronunciadas cuestas, puedo VOLAR. Los eternamente efímeros segundos que dura esa sensación creo en utopías como la felicidad o el amor. Mas, tras la calma siempre llega la tormenta, es decir, tras bajar una cuesta siempre habrá que subirla. En medio de ese sufrimiento, el dolor se incrementa y mi mente masoquista evoca unos y otros recuerdos que provocan mi desesperación. Ansío llegar ya a un llano. Pero parece que en vez de acercarme yo a él, se aleja él de mí. Me blanqueo. Tanto física como psíquicamente. Y de repente es...

Es tan temprano a estas horas tardías...

Tengo sueño porque el tiempo sigue pasando y mi cama no tiene fuerza de voluntad para retenerme y absorber mi cansancio mientras me inyecta realidades falsas proyectadas por una magnífica fusión entre mi cerebro y mi alma. Esta noche va a llover y me va a costar, más que otras veces, quedarme dormida. Mi cama será un tiovivo destinado a actividades tortuosas. La detestaré y rezaré y meditaré y me inventaré historias con tal de que un simple movimiento (cerrar los ojos) tengo un objetivo productivo. Dormir no implica descansar. Por más que la princesita republicana repose su cabeza en la más tierna de las almohadas y envuelva su cuerpo en las más sedosas de las sábanas; aunque no pase frío ni calor; más allá de que esté cómoda, de que no padezca dolor... Cuando una está maldita nada de esto importa. Insomnio. Y si la jovencilla consigue dormir es arrastrada al infierno de las pesadillas. Oh, la dolce vita! ¿Dónde se esconde cada noche? Enfermedad que me obliga a pernoctar en bú...

White.

Amnesia, ¿eres tú, corazón, pasajera? Dos personas, ambas poseedoras de tarjetita VIP en mi alma, me han pedido que vuelva. ¿De dónde? No lo sé... Quizá estoy ya tan resignada a ese tópico. ¡Oh! No soy nada. Porque nací para satisfacer con palabras. ¿Y si es esa mi misión? Ya no tengo ni idea de quién fui, ni de quién soy, ni de quién seré. Dado que, al parecer, carezco de mente propia, pues me rijo por los pensamientos ajenos. La semana que viene es la semana vocacional. Mamá me ha preguntado si decidiré entonces qué deseo que me depare el futuro. ¿No lo sé? Vuelvo a una entrada pasada. A las ocho y media no se me puede pedir algo tan difícil, hermano. Por eso me entrego a ello. Es mi única fuente de placer. Te sorprenda más o menos.

Lo necesito.

Imagen
Sólo quiero apoyar mi cabecita en una nube, cerrar el telón y compartir algo más que una canción con Bobby.

Soy una perdedora.

Puño, pulgar, gesto de paz o uve o conejito, gesto de rock. Una serie que mis dedos repiten una y otra vez. Manita bailarina. Soy una pringada en mi mundillo. Puaj, estamos en plenas fiestas, se supone pues que debiera derrochar alegría no sólo por mi hermosa sonrisa sino también por el bolígrafo. Toy perdía. Otra jodida crisis se avecina. Ahora abre esa boquita hermosa y dime: —Qué quejica eres. —¿Me lo dices o me lo cuentas? —le contesto irónicamente. Porque mientras personas más talentosas que yo realmente tienen problemas de comunicación con sus musas, yo me quejo de estar desinspirada mientras paradójicamente escribo esto...

Rien.

Está abatida. Y nada ayuda. No hay esperanza. Sólo un trágico vivir para la joven drama queen. Resignada a los decretos del hado. Ídem: nada ayuda. ·Ni hacer un bizcocho o unas magdalenas. ·Ni soñar con el verano. ·Ni escuchar esa canción que te desinhibe. ·Ni tener planificado el beso. ·Ni conseguir ignorar a esos gilipollas. ·Ni ná de ná. No creo en la suerte, ni en lo divino, ni en el amor. Solamente... Solamente, ¿qué? ¿Dinero? Bah... Cada segundo me roba un mililitro de fe. Esa "cosa" que cada vez se vende menos en el súper. A las ocho y media estoy exhausta. No me cargues más la espalda pidiéndome algo imposible.