Deseo aniquilar a la ignorancia.
Querido Platón, te escribo esta carta por una simple razón, creo que te equivocaste en tu teoría. O quizá hubo un fallo técnico respecto a mi sitio de estancia. Yo no pertenezco al mundo sensible. No tengo defectos. Soy un ser humano perfecto.
Ya no sé quién soy.
"Ella hacía..."
"Ella era..."
"Ella y sus..."
"Ella solía..."
“Ella decía…”
"Ella..."
Simplemente ella. La muchachita que se aloja en el Pasado, un pequeño hostal del que pocos tienen constancia, situado en el quinto pino. Ella, la jovencita con la que dos amigos se habían citado (cada uno por su parte, individualmente) y a la que ninguno de los dos encontraron. Zagala en busca y captura. ¿Dónde estás?
Ya no sé quién soy.
Si algún tipo de deidad consiguiera sentar juntos a estos dos humanoides (amigos de ella, pero sin ser amigos ellos dos) y drogarles con la vivaz curiosidad y seducirles con la idea del charlar entre ellos, sacando conclusiones. Preguntas tipo:
—¿Dónde la viste por última vez?
—¿Cómo la notaste?
—¿Tienes constancia de algún amigo o alguien que pudiera influir en ella locamente?
—¿La echas mucho de menos?
—¿Crees que podemos hacer algo?
—¿Dónde estará?
Y la más difícil de todas:
—¿Crees que volverá?
Ya no sé quién soy.
Un ente (y digo ente porque para ellos es de dudoso origen humano) volvió. Mismo nombre, mismo aspecto físico. Pero no, no era ella. La amiga lloró. El amigo se alejó. A veces vuelven. A veces vuelven a irse. Y ella no entiende nada, porque sabe que es ella. Admitiendo sin temor a dudas que es ella, pero un poquito revolucionada.
—¿En qué he cambiado?
—En esto, eso y aquello.
Le pregunta a la otra persona.
—¿En qué he cambiado?
—En esta, esa y aquella.
No encuentra ni un jodido punto en común. Porque al parecer por mera casualidad a ambos astros se les han agotado las pilas en su universo nepésico (y yo, escritorcilla, me pregunto si finalmente esta palabra es correcta). Y ya no sirve nada, ni rezar, ni relajarse. "Something in the way" de fondo. Sentarse con las piernas cruzadas. Mente en blanco. Inspirar y expirar susurrando "ontai".
Tampoco sirve intentar recordar. Recordar dado que una amnesia se ha apoderado de ella. Ya no sabe quién es.
No, no lo sabe. Ha perdido la memoria correspondiente a ese período de tiempo.
Y él la obliga a llorar. Y a comerse el coco preguntándose cómo era. Pero, joder, una vez más: NO LO RECUERDA.
Y le gustaría hacerlo…
Ya no sé quién soy.
Ya no sé quién soy.
"Ella hacía..."
"Ella era..."
"Ella y sus..."
"Ella solía..."
“Ella decía…”
"Ella..."
Simplemente ella. La muchachita que se aloja en el Pasado, un pequeño hostal del que pocos tienen constancia, situado en el quinto pino. Ella, la jovencita con la que dos amigos se habían citado (cada uno por su parte, individualmente) y a la que ninguno de los dos encontraron. Zagala en busca y captura. ¿Dónde estás?
Ya no sé quién soy.
Si algún tipo de deidad consiguiera sentar juntos a estos dos humanoides (amigos de ella, pero sin ser amigos ellos dos) y drogarles con la vivaz curiosidad y seducirles con la idea del charlar entre ellos, sacando conclusiones. Preguntas tipo:
—¿Dónde la viste por última vez?
—¿Cómo la notaste?
—¿Tienes constancia de algún amigo o alguien que pudiera influir en ella locamente?
—¿La echas mucho de menos?
—¿Crees que podemos hacer algo?
—¿Dónde estará?
Y la más difícil de todas:
—¿Crees que volverá?
Ya no sé quién soy.
Un ente (y digo ente porque para ellos es de dudoso origen humano) volvió. Mismo nombre, mismo aspecto físico. Pero no, no era ella. La amiga lloró. El amigo se alejó. A veces vuelven. A veces vuelven a irse. Y ella no entiende nada, porque sabe que es ella. Admitiendo sin temor a dudas que es ella, pero un poquito revolucionada.
—¿En qué he cambiado?
—En esto, eso y aquello.
Le pregunta a la otra persona.
—¿En qué he cambiado?
—En esta, esa y aquella.
No encuentra ni un jodido punto en común. Porque al parecer por mera casualidad a ambos astros se les han agotado las pilas en su universo nepésico (y yo, escritorcilla, me pregunto si finalmente esta palabra es correcta). Y ya no sirve nada, ni rezar, ni relajarse. "Something in the way" de fondo. Sentarse con las piernas cruzadas. Mente en blanco. Inspirar y expirar susurrando "ontai".
Tampoco sirve intentar recordar. Recordar dado que una amnesia se ha apoderado de ella. Ya no sabe quién es.
No, no lo sabe. Ha perdido la memoria correspondiente a ese período de tiempo.
Y él la obliga a llorar. Y a comerse el coco preguntándose cómo era. Pero, joder, una vez más: NO LO RECUERDA.
Y le gustaría hacerlo…
Ya no sé quién soy.
Comentarios